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Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compacdiscs y abrelatas eléctricos. Elige la salud: colesterol bajo y seguros dentales, elige pagar hipotecas a interés fijo, elige un piso piloto, elige a tus amigos.
Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos. Elige el bricolaje y pregúntate quien coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el puto sofá a ver tele concursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima, en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida.
Pero, ¿por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida. Yo elegí otra cosa, y las razones: No hay razones.
¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?
Así termina Trainspotting, me encanta esa película, y me encanta este monólogo, de verdad elegimos nuestra vida o la sociedad la elige por nosotros?
La verdad es que muchas veces me he preguntado si, incluso esas cosas que he decidido yo, de verdad las quería, o las quiero. Dudo y llego a pensar que he dejado que la corriente me lleve, e incluso he aprendido a creer que es lo que yo quiero. Hoy lo he pensado, he cerrado los ojos y he intentado imaginar que es lo que de verdad quiero en mi futuro, no necesito una casa enorme, ni un coche último modelo, ni ropa de diseñadores, necesito ser feliz, rodeada de mi gente. Pero a la vez sigo luchando por llegar más lejos, y si en ese camino pierdo mi vida? Tan concentrada en lo que se supone que debo lograr que dejo escapar lo que de verdad es importante para mi.